¿Cómo cruzamos a Panamá en velero?

Cuando Investigábamos un poco para saber como podíamos llegar a Panamá por tierra, en lancha o velero, dimos con éste blog:

Nos fuimos a la goma!: Rompiendo el cascarón y las experiencias con los aviones

 Allí explicaban cómo llegar de la manera más barata posible. La travesía consistía en una parte por tierra y otra por agua. Anotamos todo y nos dispusimos a seguirles los pasos.

Habiendo pasado la parte de tierra en dos buses (Cartagena-Montería; Montería-Necoclí). O mejor dicho un bus impecable  y una buseta de la muerte donde el chofer paraba cada 5 minutos para satisfacer sus antojos (una coquita, una rosquita, una arepita…y así), llegó la parte que más dudas y miedos nos presentaba: La parte por mar.

Desde Necoclí salían las lanchas rumbo a Capurganá o a turbo. Elegimos la primera porque nos dijeron que era bastante más seguro.

A la mañana siguiente nos informaron que el puerto permanecería cerrado por la marea. Había mar de levas. Nos fuimos al alojamiento y cuando más tarde volvimos a preguntar habían habilitado las salidas y conseguimos lugar. 

Nos tocaba salir a las 14hs  y sin ninguna explicación ni charla de seguridad nos pusieron los chalecos y nos metieron a la lancha. La primera hora fue tranquila pero cuando nos encontramos completamente en mar abierto el panorama cambió. Las olas eran aproximadamente de 5 mts y el barco saltaba como si estuviéramos en una montaña rusa acuática. Las risas nerviosas se mezclaban con gritos de adrenalina. Por momentos nos sentíamos dentro de la tormenta perfecta… pero sin tormenta… y sin George Clooney 🙂

Cada tanto una ola nos cacheteaba y nos volaba los anteojos. Tuvieron que frenar y amontonar a toda la gente atrás porque el barco se desbalanceaba. Dos horas duró todo el viaje, pensábamos que no llegábamos pero Jony, nuestro capitán (y héroe), nos llevó sanos y salvos a tierra. El sólo hecho de pensar que aún nos quedaban dos lanchas más para llegar a Panamá nos atormentaba. 

Arriba Jony, nuestro héroe en este lío 🙂

capurganá

Llegamos a Capurganá y como nos gustó, pensamos en quedarnos un día más para luego seguir a Panamá. ¡Ja… ilusos!. 5 días después aún seguíamos allí esperando que mejore el mar y abran el puerto para poder seguir.

Capurganá se transformó gradualmente en un Capurgatorio, almas deambulaban circularmente por sus breves calles en busca de una salida. Una y otra vez nos cruzábamos con las mismas caras atormentadas. 

En esos días en el Hostel Villa Victoria, donde parábamos, se generó una especie de comunidad y un sentimiento de unión. Disfrutábamos las comidas y las charlas. Algunos directamente no salían del hostel esperando una mejoría, a ellos no se les permitía cruzar el umbral…:)

Haciendo empanadas argentinas con Edward

Éramos el grupo de las almas en pena. Conducidos por Simón, el dueño del hostel y autoproclamado Caronte, el encargado de llevarnos al otro lado, tarea que no sería fácil. 

Simón y Merli

Transcurrieron los días y salimos a recorrer los alrededores. Fuimos a “La coquerita” donde una argentina con su pareja Colombiana viven hace casi 20 años. Sonia Esquivel dejó su argentina natal en busca de aventuras con unas amigas y terminó encontrando un hogar en este remoto lugar de Colombia. Añora un poco Argentina pero el distanciamiento con su familia (que nunca aceptó su decisión de irse) hace que ya no tenga mucho por qué regresar.

También en Capurganá un gringo me agarró de traductora para poder comprarle droga a un local. Noté que la charla se puso rara cuando se mencionaba mucho”the thing” sin más explicaciones. Al principio creí que le estaba reclamando el dinero de un tour pero después ya perdió todas las formas y decía “cocaine” directamente. Así me enteré que 2 gramos salían casi 14USD, los dejé solos y me fui silbando bajito, no quería terminar en un capítulo de “Presos en el extranjero”

Conocimos a Pacho, un paisa de Medellín con quien hicimos la mayoría de nuestros recorridos por Capurganá. Conocimos las playas de Sapzurro, es sus caminos escuchamos los impresionantes gritos de los monos aulladores que parecía Godzila gritando entre la selva. No entendíamos como un bicho tan pequeño puede hacer un ruido tan escalofriante.

Con Pacho
Sapzurro

Piscina de los dioses

Vimos el agua viva más linda del mundo. Incluso la rescatamos de la playa para devolverla al mar.

Carabela o fragata portuguesa

Gusty volvió a jugar al fútbol… 🙂

Futbol en Capurganá

Justamente, mientras recorríamos uno de los tantos senderos de este lugar fue que nos cruzamos con Sergi, un español de Cataluña que nos pasó el contacto de un capitán de velero. Le pasé mi número para que se contactara y con un poco de descreimiento nos despedimos del español. En Cartagena también habíamos intentado conseguir un velero pero no tuvimos suerte y salían 500USD, un precio que no podíamos pagar.

A la noche me contactó, pactamos una reunión en el hostel y luego de conocerlo le confirmamos que iríamos con él. Una argentina que conocimos en Cartagena, Cristina, nos dijo que también quería venir. Y cuando estábamos sellando el pasaporte de salida de Colombia, el día de la partida, nos cruzamos con un salteño, Ezequiel, que también se quizo sumar. Como el capitán estuvo de acuerdo ya éramos 4 argentinos confirmados para navegar los mares.

La travesía en velero

Todo estaba listo, después de tomar una lancha hasta Puerto Obaldía para sellar la entrada a Panamá nos subiríamos en el velero por los próximos 3 días. Bueno, eso creíamos, terminó siendo un poco más largo.

Los integrantes del velero “Trophy Girl” éramos los siguientes:

La tripulación: Anthony, el capitán; Sergi, el marinero (ambos de Cataluña) y Lola, la perrita del capitán (panameña). Sergi y Antonio eran la antítesis, uno hablaba todo el tiempo y el capitán, al menos mientras conducía, sólo contestaba con monosílabos.

Los pasajeros: Cristina, Ezequiel, Gustavo y yo de Argentina.

Un Domingo por la noche, después de comer una excelente tortilla española preparada por Sergi (quién empezaba a lucir su talento culinario) zarpamos de la Bahía de Sapzurro. No habrá pasado ni media hora de navegación cuando el velero se empezó a mover de tal manera que ya disparó a las dos primeras víctimas a agarrarse de las barandas de la popa (la parte trasera) para entregar sus tortillas al mar.

Mientras Ezequiel y Cristina desfallecían, Gusty y yo estábamos de lo más lúcidos bajo los efectos del Dramamine. Lucidez que nos llevaría al cabo de minutos a presenciar una de las situaciones más delirantes que vivimos en alta mar.

Era una noche totalmente cerrada, la luna aún no había salido a saludar, sólo se veía lo que iluminaban las estrellas. Estábamos charlando cuando de repente lo escucho a Sergi gritar “¡¡¿Ostia, que pasó?!!”… Cuando miramos nos dimos cuenta de que el bote auxiliar se estaba deslizando por estribor hacia el mar. Salió corriendo para atajarlo y le pidió ayuda a Gusty. Me dio miedo que caminara por la cubierta de noche con el barco en movimiento, sobretodo porque desconocíamos absolutamente como movernos en un velero, pero fue igual. Mi tarea era alumbrarles con la linterna.

El capitán subió a intentar ayudar (no sin antes prenderse un cigarrillo, fumaba un cartón de varios paquetes en 5 días) cuando escuchó los gritos descontrolados de Sergi que clamaban “¡¡¡¡Ostia que se va el Dingui!!!!”… “¡¡¡Se va el Dingui!!!”, así le llamaban ellos a este gomón semirígido. En vano fueron todos los esfuerzos porque el bote cayó inevitablemente al mar. Le pidieron a Ezequiel que como pudiera lo siguiera con la linterna pero era muy difícil ubicarlo en una noche tan cerrada. Dimos algunas vueltas y lo encontramos. El loco de Sergi se tiró al mar para intentar atarlo. Se tiró al mar abierto. En el medio de una noche sin luna. En una incalculable profundidad. Con el motor funcionando. No lo podíamos creer. Aún así no lo pudimos recuperar, se había roto una parte y no pudieron atarlo.

Todo esa movilización hizo que a Gusty y a mi se nos fuera el efecto del dramamine y nos sumamos a los otros dos a entregar nuestras tortillas también. Esa noche Poseidón recibiría muchas ofrendas. Mientras tanto, de fondo, se escuchaban a Anthony y a Sergi discutiendo a los gritos en Catalán. Todo esto no parecía un buen augurio para el resto del viaje. 

Por suerte luego todo mejoró. El mar se calmó un poco y pudimos disfrutar de sus vistas nocturnas.  Casi de madrugada, Sergi y yo estábamos en la cubierta charlando  (con Sergi compartía charlas y con el capitán silencios) cuando una linterna nos empezó a alumbrar. Cuando le preguntamos quiénes eran no respondían. Yo quería agarrar un palo pesando que eran piratas pero luego se identificaron como guardias costeros. Nos hicieron un par de preguntas como por qué habíamos salido tan tarde , cuántos éramos, dónde íbamos y luego nos desearon buen viaje y nos dejaron ir.

Me fui a dormir. Teníamos un pequeño camarote con una cama de dos plazas. La primera noche fue casi imposible dormir, Gusty saltaba de un lado a otro exageradamente y se me caía encima. Cuando por fin conseguimos dormirnos un baldazo de agua en la cara nos despertó bruscamente. Habíamos cerrado mal la escotilla y una ola grande filtró todo el agua. Pasamos la noche como pudimos y al día siguiente ya nos sentíamos bastante mejor.

Gusty relajado después de una noche difícil
El Náufrago

La vida en el velero es super difícil si no estás acostumbrado. Cualquier actividad cuesta una barbaridad, cosas cotidianas como ir al baño se transforman en un deporte extremo. Sobre todo en éste que era bastante pequeño y ya tenía más de 30 años.

Con esta ola creímos que se iba a dar vuelta el barco, hasta Lolita se asustó y le ladró.

“La ola”
Lolita

36hs después llegamos a una de las islas de San Blas (hoy Guna Yala), un archipiélago de 365 islas paradisíacas y casi desiertas pertenecientes a Panamá de las que sólo 80 están habitadas. En ellas viven los indígenas Guna o Cuna que forman parte de la comarca Guya Yala. Ellos manejan las islas y no permiten asentamientos extranjeros.

Ya anclados en Coco Bandera (la que eligió el capitán) la sensación de malestar desapareció completamente. Como no teníamos Dingui bajamos a la playa nadando, no sin antes agarrar la tabla de body para llevar a Lolita a que disfrute un poco de estar en tierra.

Disfrutando abajo del velero

Compramos langostas a los Cuna, la comunidad que vive en las islas y tuvimos un almuerzo inolvidable los 6 solos en la isla.

Almorzando langosta hecha por Sergi
Ayudando a reparar la vela

La noche anclados en San Blas mientras charlábamos  vimos un meteorito. Cuando estás todo el tiempo mirando el cielo en algún momento vas a ver algo increíble 🙂. No sacamos foto pero es exactamente igual a éste  que encontré en internet.

Foto sacada de internet

El último día de viaje ya estábamos casi todos recompuestos y fue todo disfrute. Me la pasé todo el día en cubierta haciendo de vigía por si aparecían nuevas cosas impresionantes.

Cuando el sol cayó y el mar se empezó a poner plateado alarmé al resto al grito de “¡¡Delfinessssss!!”.

De repente una familia de delfines empezó a seguir nuestro barco alrededor de la proa. Iban y venía, saltaban, jugaban, nadaban del derecho y del revés. Cuando se daban vuelta la panza blanca se veía casi fluorescente con el reflejo del sol.  Por un momento pensé que era un delfín albino.

Delfines que nos escoltaron

Siguieron con nosotros un largo tiempo, el suficiente para que la mayoría volviera a su lugar y dejara de verlos. Como yo estaba en la proa seguí viéndolos hasta que se fueron, casi en sincronía con el sol.

Las noches en altamar son incomparables con cualquier otra que haya visto. Es la inmensidad y la noche. El silencio total que se interrumpe sólo cuando cambia el viento o golpea alguna ola. Cuando no hay luna sólo se ve el mar por el reflejo de alguna de las estrellas más brillantes. Cuando sí hay luna se puede ver nuevamente el horizonte y el plancton que se mueve en la espuma se vuelve luminiscente y brilla como si fueran estrellas en el mar.

Se veía algo más o menos así pero en menor cantidad…

Foto sacada de internet

Esa noche me quedé hasta pasada la medianoche disfrutando de la última en el mar, contemplando el cielo sabiendo que quizás pasaría mucho tiempo hasta que volviera a ver algo así.

Es impresionante como cuando estás en un lugar así, tan remoto, tan solo, todo cobra otra dimensión, cualquier discusión banal, conflicto cotidiano o problema laboral que recuerdes pierde importancia. Sólo tiene sentido ese momento. Miles de estrellas titilaban sobre mi cabeza como si estuvieran danzando. Me mareaba más su incandescencia que la oscilación del velero. Estrellas fugaces se perdían en la noche. Me acordé de la frase de un libro que leí en este viaje y que tenía anotada en mi cuaderno.

“El hombre, al menos una vez en la vida, debe perderse en un erial y experimentar una soledad absoluta, sana, un poco aburrida incluso. Y así descubrirá que depende completamente de sí mismo y conocerá sus capacidades potenciales”.

A las 2 am anclamos en Puerto Bonito pero no salimos del barco hasta que amaneció. Con el equipo casi completo, pero sin el capitán, llegamos hasta Panamá City. Después de unos días cada uno seguiría con su rumbo pero nos unirían para siempre esta travesía inolvidable.

Fue una de las experiencias más increíbles de este viaje. Nos despedimos de Colombia después de 38  días plagados de recuerdos y personas extraordinarios. Un nuevo país nos recibía de la mejor manera posible.

info útil

  • Cómo llegar a Panamá desde Cartagena:

Cartagena a Montería: En un bus impecable de la empresa Brasilia por $23USD

Montería a Necoclí: En un buseta de malamuerte por $9USD

Necoclí a Capurganá: En lancha por $22USD

Sellada de Pasaportes a Pto Obaldía,ida desde Capurganá y vuelta a Sapzurro en lancha por $17USD

Velero de Sapzurro-Colombia a Puerto Bonito-Panamá: 200USD por 3 días y 4 noches con la comida incluída.

7 comentarios de “¿Cómo cruzamos a Panamá en velero?”

  1. Creo q fue el post q mas me gusto(despues de el de las arañas de gusty, claro). Me hace feliz q esten disfrutando tanto. Maravillosa experiencia en altamar y las situaciones espontaneas como la del dingui o la tortilla al mar son las q le dan condimento a este viaje hermoso. Hermosas fotos como siempre y excelente relato.

  2. Emocionante este Post!!!!! Me alegra el alma saber que disrfutan y aprenden de cada experiencia. Los extraño muchisimo!!!! Concuerdo con Gorgie que es uno de los post mas lindos…..ya vendran mas!!!!

  3. Muy buena historia, me encantó.. Impensable lo que puede pasar en un viaje tan largo en velero, me trasladé con ustedes a las experiencias que les tocó pasar, con tan buen relato chicos!.. Esperando el próximo post ?

  4. Increible lo que vivieron. Gracias por compartir su experiencia, Sigan disfrutando y esperamos más historias inolvidables. Beso grande

  5. Que hermosa experiencia y que lindo leerte feliz prima!!
    Debe ser algo inolvidable, sobre todo con los delfines y estrellas!!!
    Besos y a seguir viajando!

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