En busca de glaciares

Cuando salimos del aeropuerto de El Calafate corrimos la misma suerte que en el de Ushuaia, ni bien empezamos a caminar por la ruta  un auto nos frenó y ofreció llevarnos. Se llamaba Rodrigo y era médico en El Chaltén. Nos dejó a dos cuadras del Hostel con la promesa de darnos alojamiento si seguíamos rumbo a el Chaltén.

Nos hospedamos en Calafate Hostel, estaba bien pero su cocina muy poco equipada. Mi prima Dana con su familia estaban de vacaciones ahí mismo y a la noche nos invitaron a cenar con ellos a un restaurante que se especializaba en cocina al disco. Al otro día temprano teníamos la intención de visitar el Perito Moreno por lo cual nos fuimos a dormir temprano.

Cena con los tíos
Cena con los tíos

Nos dijeron que sería muy difícil llegar al parque a dedo porque en este momento no iban más que transfers con turistas para allá. Como hacía mucho frío decidimos pagar el transporte de la terminal, salió $410 c/u, nos pareció una barbaridad por la cantidad de km que recorría, 80 aprox. En el ingreso al parque subieron a cobrarnos la entrada, $200 c/u, si sos estudiante había un descuento pero aparte de la tarjeta te pedían el comprobante de alumno regular o algún mail con una nota.

Nosotros

Entramos al parque, llovía y hacía muchísimo frío pero al ver la inmensidad del glaciar nos hizo olvidar de eso. Si bien lo habíamos visto mil veces por fotos nunca imaginé que fuera tan grande, no podíamos ver donde terminaba.  Eramos muy pocos los que estamos recorriendo el parque en ese momento. Casi todo el recorrido reinó un silencio impresionante que sólo se interrumpía cuando el glaciar rugía y desprendía alguno de sus costados o cuando se oía una voz que llegaba viajando por el hielo de una turista que gritaba “Im alive” cada tanto, o al menos eso era lo que entendíamos…jaja. Pudo haber dicho cualquier cosa.

Glaciar

 

Ni bien sacamos algo de comer el único pájaro que vimos en el recorrido nos vino a visitar para pedirnos que le convidáramos, me sorprendió lo cerca nuestro que llegaba. Cuando se dio cuenta de que era una manzana la picoteó y se fue con una turista que tenía algo un poco más sabroso para ofrecerle: migajas de pan. En realidad era un sandwich que se veía super suculento y  nosotros también le hubiéramos mendigado.  El pájaro pedigüeño le dio el mismo espectáculo que a nosotros y obtuvo su merecida recompensa.

Pájaro mendigo
Pájaro mendigo
Russell, el tercer integrante
Russell, el tercer integrante

Arbol y glaciar

Lago argentino

Estuvimos unas 6 hs recorriendo el parque y nos regresamos en el mismo transfer que llegamos.

Al día siguiente nos levantamos temprano, desayunamos y nos cargamos de energía para salir a la ruta. Nuestro objetivo era llegar a dedo a El Chaltén. Escoltados por una jauría de perros llegamos a la ruta y nos paramos pasando el control policial, lugar que nos parecía estratégico porque los conductores tenían que bajar la velocidad obligatoriamente.

La escolta
La escolta

 

Gusty haciendo dedo
Gusty haciendo dedo

Tres horas más tarde, con frío y el viento que casi no nos daba tregua ya no nos parecía un lugar tan estratégico. Pese a nuestro cartel que decía “El Chaltén” la mayoría que pasaba (que no eran tantos porque no estábamos en temporada) nos hacían señas de que iba para otro lado. Comimos al costado de la ruta y esperamos otra media hora antes de decidir que finalmente nos iríamos en bus ya que nuestro anfitrión nos esperaba esa misma noche. Ya volveríamos a encarar la ruta más adelante mejor preparados.

Dejando el Calafate
Dejando atrás el Calafate

El Chaltén

Llegamos a El Chaltén como a las 22 hs, no había ni un alma en la calle, sólo caminábamos por la principal nosotros y una chica extranjera que buscaba alojamiento. Estaba casi todo cerrado y en la oscuridad y la llovizna no se podía divisar bien dónde estaba situado el pueblo. Nos esperaba en su casa Rodrigo, quién nos había ofrecido alojamiento cuando nos levantó en la ruta en Calafate.

Rodrigo, nuestro anfitrión
Rodrigo, nuestro anfitrión

 

El Chaltén
El Chaltén

A la mañana pudimos ver que el pueblo estaba enteramente rodeado por montañas, pequeño pero muy lindo. Un poco aislado y frío también.

El pronóstico anunciaba lluvia para los próximos 4 días pero como no nos íbamos a quedar mucho eso no nos detuvo para hacer uno de los tantos trekkings que la naturaleza nos ofrecía. Elegimos hacer el de la laguna Torre, el recorrido era de18k en total, 9 de ida y 9 de vuelta. La dificultad era media pero al tener nieve el sendero se hacía un poco más complicado. El camino iba pasando por distintos paisajes, desde bosque a páramos.

Había unas huellas delante nuestro por lo que sospechamos que alguien más lo estaba haciendo. También encontramos otras huellas..

Huellas de Huemul
Huellas de Huemul

 

Tardamos unas 4hs en llegar a la Laguna Torre, no habíamos visto ninguna imagen por lo cual no teníamos grandes expectativas sobre lo que íbamos a hallar al final del camino. Casi llegando nos cruzamos con los otros que estaban haciéndolo, un español y su amiga que ya habíamos cruzado en el Calafate hostel.

El sendero

Sole

El último km fue prácticamente entre piedras, como si estuviéramos caminando en el lecho de un río, teníamos los pies mojados y helados pero seguimos avanzando hasta el final. Llega un punto en que los pies están tan fríos que ya no se sienten. Cruzamos unas cuantas piedras más y ahí estaba… inmensa, blanca, estática, el cielo completamente cubierto y al final de la laguna un glaciar que se distinguía porque era de  un color más azulado. Nos sorprendió gratamente, nos quedamos un largo rato sentado en una piedra admirándola. Nuevamente el silencio nos rodeaba.

 

 

Laguna Torre
Laguna Torre

La vuelta fue bastante más rápida porque era casi todo en bajada, tardamos una hora menos que de ida.

En el sendero
En el sendero

Al día siguiente nos despedimos de nuestro anfitrión y regresamos a Calafate para de ahí tratar de cruzar a Chile. Nos vemos en Chile huevones!!!

 

1 comentario de “En busca de glaciares”

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