Y un día renunciamos…

Lunes, el despertador suena a las 5:45am lo pospongo una vez, lo pospongo otra, me levanto 6:10 , me lavo los dientes, la cara, me visto (todo en 10 min) y salgo corriendo para tomar la combi de 630, bajo en el obelisco, tomo el subte b, bajo del subte b, tomo un colectivo más, paso por mi café y llego al trabajo, casi una hora y media después. Son las 18hs y arranca la carrera por volver a casa lo más rápido posible y poder aprovechar lo que quedaba del día. Si todos los medios de transporte me lo permiten quizás pueda aprovechar esas escasas horitas que restan del día para hacer alguna de las cosas que me gustan.

La misma rutina por casi 8 años… mucho, mucho tiempo. Esta fue la primera vez que renuncié a un trabajo y en el último día distintas sensaciones atravesaron mi cuerpo, euforia, alegría, tristeza, miedo, felicidad. Aunque haya pasado tanto tiempo encerrada en una oficina de cuatro paredes en la que casi no entraba la luz del día, siento un poco de nostalgia.

Gusty, en cambio, era parte de esa minoría privilegiada que llegaba a su trabajo caminando. Le quedaba muy cerca de casa y siempre volvía temprano. Además de todas esas ventajas, lo disfrutaba. A él quizás le costó un poco más tomar la decisión.

Hoy, Domingo 7 de Agosto de 2016 estamos preparados para lo que no espera.

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7 comentarios de “Y un día renunciamos…”

  1. Qué bien este blog. Mis reverencias. Sin dudas la mejor decision. Habrá un antes y después inexorable de aprendizajes y memorables instancias de vida. Mi admiración y mis aplausos. Sin duda, lleguen a Alaska o no, lograron salirse del molde. Besos y éxitos!!!!

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